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La responsabilidad social deportiva, de táctica a estrategia

Post por 19/02/2018
“Tres de cada cuatro jóvenes menores de 20 años estarían dispuestos a pagar más por un producto de una marca socialmente responsable (Informe “Sostenibilidad Global”, de Nielsen)”. “Un 44% de los consumidores dejó de adquirir alguna marca por sus prácticas sociales" (Informe realizado por Forética)”.

Son los millennials. La generación Z. Chicos y chicas que han vivido la crisis económica, social y política. Jóvenes que se han visto inmersos en un cambio de época, y no una época de cambios. Chicos y chicas que experimentan, cada día, la incertidumbre en lo económico, social y laboral. Hastiados del capitalismo salvaje que nos ha llevado (y les ha llevado) al abismo, estas generaciones exigen cambio; cambio a las empresas tradicionales. Optan por ser y experimentar,  en lugar de tener; aplauden la diversidad; cuidan el medioambiente; solicitan la igualdad de derechos para todos y todas. Y piden, sobre todo, compromiso. Quieren empresas con causas, con alma, con propósito. Las empresas se convierten en actores sociales conectados con cada uno/a de nosotros/as.

Lo que arriba se describe, aparentemente sencillo, obliga, a nuestras compañías, a dar un giro a su estrategia empresarial. El objetivo “tradicional” de obtener beneficios, se vuelve, en esta era, en un objetivo que tiene que compartir jerarquía con el de “transformar la sociedad”; ganar “dinero” y el compromiso social se vuelven ahora inseparables en los planes de negocio de cualquier compañía. La responsabilidad social, por lo tanto, se convierte, para todos y todas, en un pilar sobre el cual gira toda actuación empresarial. Misión, visión y valores. 

Hoy en día, sin embargo, la responsabilidad social todavía se percibe como el aspecto “filantrópico” de la empresa; algo que se hace cuando “sobra calderilla” y  poder “vender” imagen. En nuestro entorno, son muchas las empresas que ayudan a deportistas, clubes o eventos deportivos para “quedar bien”, sin ser realmente conscientes del potencial que tiene trabajar este aspecto de manera seria y profesional. El deporte puede ser una verdadera palanca de cambio para la transformación de las empresas; una herramienta al servicio de un propósito que va más allá del beneficio y resultado inmediatos.

Apostar e invertir en deporte, en deportistas, clubes y/o eventos deportivos puede contribuir a que el/la deportista pueda tener una vida digna; a que pueda centrarse en su carrera deportiva y no tener que compatibilizar empleo/deporte; a que pueda viajar sin mendigar; a que pueda pagarse un/a fisioterapeuta; a que pueda estudiar….Y, a su vez, apostar por el deporte, de manera estratégica, puede traducirse en que los/as trabjadores/as de la empresa se sientan orgullosos/as de pertenecer a la compañía; en que el/la deportista hable de esta empresa allá donde vaya; en que la empresa sea más conocida por una buena causa; en que la empresa pueda asociarse a valores que tiene inherentes el deporte y/o el/la deportista…


En definitiva, se trata de una relación “win-win”; todos/as ganamos. Y, probablemente, la empresa podrá decir que pertenece a esas marcas por las cuales tres de cada cuatro jóvenes pagarían más. Profesionalizar la responsabilidad social no es una opción.
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