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El fútbol, fábrica de frustración

Post por 21/03/2017

Tras leer la noticia de la pelea entre padres que ha sucedido este fin de semana en un partido de infantiles, es inevitable hacer una reflexión hacia los valores que el fútbol transmite en muchos casos. Y decimos el fútbol porque al tratarse del deporte mayoritario es donde más casos de este tipo encontramos, aunque sabemos de otras modalidades deportivas donde esto sucede.

No nos cansamos de escuchar que el deporte es fuente de valores y de deportistas que muchas veces son ejemplos a seguir, pero desafortunadamente hay situaciones en las que estas afirmaciones se nos vuelven en contra por situaciones como las del otro día.

Centrándonos en el fútbol, hemos de reconocer que es un fenómeno diferente a lo que nos encontramos en otros deportes. En cualquier categoría la competitividad es máxima y este es un valor a poner en la balanza como aspecto positivo ya que bien entendida es intrínseca al deporte. Sin embargo, esa competitividad convertida en agresividad, frustración y tensión negativa es un lastre para el fútbol. Hemos asumido como “normales” situaciones que están muy alejadas de la normalidad: gritos en los campos de los entrenadores, de los padres, niñ@s que se enfrentan a otr@s por lances típicos del juego, lloros domingo í y domingo también… en resumen una fábrica de no valores!!

Es habitual “culpar” de estas actitudes al fútbol profesional, y es cierto que tienen una parte de dicha culpa. Pero no es menos cierto, que tras estos comportamientos se encuentran los aspectos más primitivos del ser humano. El fútbol tiene la capacidad de sacar lo mejor y lo peor de todos los agentes que lo componen: niñ@s, entrenadore/as, padres y madres dejan la razón y tiene comportamientos realmente de vergüenza. Los mismos padres, madres y entrenadores que a lo largo de la semana son banqueros, directores de empresa, comerciales, profesores, funcionarios, tenderos, albañiles… se transforman en seres primitivos y pierden las formas en los partidos de sus hijos o en la grada del estadio animando a su equipo e insultando aún con más fuerza a árbitros (personas) y rivales.

En el caso de los padres y madres, y volviendo a la situación del domingo, en muchos casos proyectan en sus hij@s las frustraciones propias de su infancia. Como ell@s no han podido ser buenos en fútbol se creen que tienen en casa futuras estrellas futbolísticas, y no conforme con ello, les exigen como tal. Es tal el punto al que much@s padres y madres llevan el tema, que no dudan en pasarse todo el partido desde la banda gritando a sus hijos diciéndoles lo que tienen que hacer, recriminarle al entrenador un cambio o que a su hij@ no le dé más protagonismo, o machacar al niñ@ después en casa diciéndole lo bueno que es y justificándole que la derrota ha sido por lo malos que son sus compañeros o compañeras.

En resumen, padres y madres, así como entrenadores,  muchas generan muchas veces una presión brutal en niñ@s y adolescentes, consiguiendo que much@s de estos niñ@s acaben aborreciendo el fútbol y, sobre todo, creando la mayor fábrica del mundo, una fábrica de frustración.

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