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Del resultado a la persona

Post por 29/03/2017

En pleno siglo XXI, rodeados de cambios tecnológicos constantes que impactan directamente en hábitos, costumbres e incluso caracteres de nuestra sociedad, el deporte y l@s adolescentes no están exentos de una nueva necesidad de gestión de equipos por parte de los entrenadores.

Espejándonos en equipos de alto rendimiento, donde el nivel técnico es tan alto que prácticamente hace imperceptible las diferencias exceptuando a los “superclases”, los entrenadores se han convertido en gestores de equipos. A menudo el diferencial en el rendimiento de los equipos se encuentra en la capacidad del entrenador de generar motivaciones y sentimientos de pertenencia. Aterrizando este discurso en equipos de categorías inferiores, hay un matiz fundamental con el que los entrenadores han de contar: l@s chic@s no son profesionales, el deporte es un hobby.

El hecho de ser entrenador hace que much@s pierdan la perspectiva y orienten todo el trabajo hacia el rendimiento y la victoria. Entendemos que se comete un error ya que en edades tempranas se ponen en juego muchas cuestiones transcendentales en adolescentes: frustración, egos, complejos, sensación de superioridad, desánimo e incluso anti compañerismo. El hecho de que tachen a un/a jugador/a de “buen@” o “mal@” marca el devenir personal de este/a adolescente, ya que puede suponerle muchos traumas que le acompañen a lo largo de su vida. Además, estamos generando lo contrario a lo pretendido, que esta persona se aleje cada vez más del deporte.

Y entendemos que dentro de ser entrenador/a, ganar el domingo es importante, pero no es lo único en estas categorías. La virtud es el mix entre la formación y el rendimiento. ¿Fácil? Por supuesto que no, pero es un camino sumamente gratificante en el caso de conseguirlo, pues las victorias del domingo llenan, pero llenan mucho más las victorias que son compartidas y celebradas por todos los miembros del equipo.

Intentaremos dar unos apuntes de cómo conseguirlo…

Como premisa, tienes que asumir que tu equipo lo componen personas, todas ellas válidas, cada una con su rol, pero has de reconocerlo para dotar el protagonismo necesario a cada miembro del equipo. Otro factor es la comunicación, grupal e individual.

Comunicar el objetivo a tod@s es importante, tanto como mantener hilo directo con cada jugador/a para ir pulsando sus estados de ánimo. Porque, aunque no nos demos cuenta, en su microcosmos, l@s adolescentes viven un período lleno de altibajos: primeras experiencias amorosas, selección de estudios, variación de sus núcleos (compañeros de clase, profesores, centros…) y esa marea de situaciones son nuevas y trascendentales para ell@s. Hay que empatizar y tratar de acompañarles en este proceso, convirtiendo el deporte en una oportunidad. El/la entrenador/a tiene que ser consciente de ello y generar ecosistemas donde se explayen en todo su esplendor. Darle su lugar a cada uno… todos no tienen que jugar lo mismo, pero el que juegue poco tiene que sentirse igual de importante. Eso se llama reconocimiento.

De conseguir el equilibrio, las posibilidades de desarrollar los conocimientos de entrenador/a son mucho más amplios. Jugadores/as content@s, implicado@s, motivad@s y padres satisfechos por ver que sus hij@s mejoran y se desarrollan, generan un estado cómodo para que el entrenador trabaje.

L@s entrenadore/as, por lo tanto, son cruciales para lograr mejores personas y equipos y realmente lo tienen fácil, ya que el vehículo que les mueve es el deporte, con un idioma universal y aceptado por tod@s, donde hay que cambiar el foco del resultado hacia el de la gestión de personas.

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